SACRUM

Del Sábado 12 de Abril hasta el Viernes 9 de Mayo

SACRUM

SACRUM por Jusa Oñero en Galería Perotti. Un Cristo crucificado tallado en madera anuncia SACRUM. Esta obra del artista José Piuma ubicada en el umbral de la muestra es casi una promesa de lo que vendrá. Sin embargo, al recorrer las salas la promesa sacra se disipa en una zona ambigua entre lo sacro y lo profano, el objeto de culto y la huella de una religiosidad perdida. Es precisamente en esa zona fronteriza donde se evidencia que tanto lo infrahumano como lo sobrehumano pertenecen al reino de la divinidad. El motivo animal atraviesa gran parte de las obras elegidas para esta muestra. Se trata del símbolo más representativo del impulso primitivo inconsciente. El hombre le teme y busca el modo de propiciarle sacrificios y ritos. Muchísimos mitos se refieren a un animal primitivo que ha de sacrificarse en aras de la fertilidad o aún de la creación. En religiones de casi todos los tiempos se adscriben atributos animales a dioses supremos o bien los dioses están representados en forma de animales; desde la mitología griega hasta en el cristianismo en que Jesús, el cordero de Dios, es ofrecido en sacrificio por los pecados de los hombres. El “Cordero” sangrante de Dolores Zorreguieta también podría entenderse como ofrenda sacrificial, en este caso como parte de un ritual de fertilidad para “Leda” de Marcelo Bordese. El cordero de Dios sangra para que Zeus fecunde a Leda y engendre a sus hijos. La cruz, objeto de culto o de tortura, es otro símbolo recurrente en SACRUM. En “El Fruto” de Pedro Giunta la cruz está en manos de un bebé que desde el vientre materno lleva el estigma de su infortunio pero se aferra a la promesa de salvación. Asistimos a crucifixiones en las obras de Carlos Masoch y Marcelo Bordese aunque desde propuestas estéticas y universos disímiles. En Masoch la escena de la crucifixión se desarrolla en una atmósfera natural de apariencia apacible que comprende íconos infantiles y coloridas fantasías mortuorias. Por otro lado, la crucifixión en “Leda” presenta un horizonte de redención silenciado por la cabal tortura. Las criaturas crucificadas son monstruosidades, seres que padecen infinitamente la condena del horror de sus cuerpos deformes. Volviendo a la obra de Piuma,más cercana al uso de la iconografía cristiana como objeto de culto y protección, estos seres mitológicos son en contraste criaturas sin salvación. Mutaciones y apariciones de diversa procedencia atraviesan SACRUM. En las obras de Miguel Ronsino estas apariciones son revelaciones de la naturaleza, instantes en que se vislumbran versiones sacras o mitológicas de un gran organismo en proceso. Esta misma idea de transmutación me sugiere el retrato sin rostro de Julio Lavallen. En la sala contigua, dioses y demonios coexisten en sincronía con el hombre y la naturaleza. Hay un componente lúdico inherente a la obra de Diego Perrotta que la coloca en las antípodas del universo de Bordese, íntimamente asociado a la tragedia. Según Carl Jung, el símbolo es la mejor representación posible de algo que desconocemos. Eso que no conocemos y tratamos de simbolizar para poder entenderlo y comunicarlo proviene en gran medida de nosotros mismos. Por eso es tan importante para el hombre moderno poder integrar en su vida el contenido psíquico del símbolo. Ya sea sacro o profano, mitológico o religioso, en cualquier caso las imágenes divinas son formas que el inconsciente otorga a los resabios primitivos fuera del tiempo. SACRUM propone una convivencia de diversas representaciones de la divinidad que, lejos de estar exenta de tensiones, pone en evidencia que una posible integración proviene de la relación dialéctica entre el ser humano con su entorno y con la imagen de sí mismo. 

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