ANECDOTAS AISLADAS - Julio Lavallén

Del 24 de Mayo hasta el Sábado 22 de Junio

ANECDOTAS AISLADAS - Julio Lavallén

La selección de obras expuesta en la Galería Perotti fue realizada personalmente por Alejandra, que sin proponerse ningún rigor cronológico y sin intención pedagógica eligió con el corazón, y yo confié en su criterio repentino. 

Este examen retrospectivo permite una mirada a los innumerables clichés colectivos en los que nací (cada uno de nosotros tiene un sótano secreto). Para mi, estas anécdotas aisladas incluyen memorias ya desconocidas que súbitamente despiertan actualizadas y elocuentes. Son imágenes íntimas, que evocadas por esta exposición, interrumpen su fluir sin remedio hacia la nada honda y se me re-presentan, efímeras, antes de reanudar otra vez su transcurso al olvido que contiene a la existencia. 
Ahí en 1976, cuando me dibujé con 18 años, ya tenía dispuesta una imagen futura de mi mismo y el enérgico propósito de ser artista. Décadas después de creer comprender mis límites y de creer entender hasta dónde llega mi angustia por agotar convenciones, supe que el camino es más simple: ser artista no es un objetivo, no es un estado que se conquista y se retiene. Aprendí que el Arte es una acción de calidad que se ejerce desprevenidamente y que se practica, incluso, incoherentemente, involuntariamente. Llegar al Arte es el resultado de un largo oficio, es la escurridiza renta del trabajo cotidiano, por eso es inútil perseguir la idea previamente armada de “ser artista” y pretender hacerla palpable, porque eso es ambicionar darle realidad a una irrealidad que en caso de creer alcanzarla, más que una puerta feliz será ajustarse en un traje prestado.

Si “la lógica de la pintura corresponde a una síntesis de tiempo durante la cual el pintor hace surgir una presencia” como diría Deleuze, este resumen de casi cuatro décadas tiene la mía, y esa presencia me permite (ahora más calmado) confirmar lo que grité en voz demasiado adjetivada en un catálogo, hace treinta años. Aquel día escribí: “Evito usurpar mis cuadros con ideas, historias o mensajes. Trabajo con ímpetu más hondo que la razón. Hago distintas repeticiones, versiones y perversiones (ya que desecho la idea de crear, por ser demasiado divina). Este excéntrico placer de simplificar o complicar las formas, que es un modo sofisticado e impiadoso de mentir con precisión, me invita a incluir en mis obras la hediondez y la magia que veo. De ahí, el íntimo sentimiento de poder que me domina al pintar. 
Para caminar esos lodazales secretos, necesito la soledad y el silencio, que siempre me repiten que pintar no es mi profesión, sino mi manera de vivir.”

A Titi, a María, a Verónica, a Olivia, a Anastasia, a Bruna.

JULIO LAVALLÉN / Mayo del 2013

Diseño y redacción: www.lauracesanelli.com.ar