BITAMINA
DE LO INTANGIBLE

Del 23 de Febrero al 16 de Marzo

BITAMINA

En Bitamina conviven medio centenar de obras de seis artistas ligados por una causa aleatoria, una variable que trasciende a cada uno de ellos: compartir la letra “b” inicial de sus apellidos. Sin embargo, al recorrer la muestra en la galería Perotti, que acaba de ampliar su espacio de exposición de dos pisos, uno descubre que hay otros lazos menos azarosos que unen estéticas y búsquedas bien distintas.

Marcelo Bordese llegó hace décadas a la city desde Córdoba, su provincia, para convertirse en religioso de la orden franciscana. Tras unos años, abandonó el convento para meterse de lleno en el arte. Una década después, volvió para pasar cinco años en aquel monasterio, en clausura, como laico, sólo pintando. Su obra nunca está desligada de su vida: pasó por el litio, y siguió su camino sin mirar atrás.

Hay que tomar fuerza para meterse en ese submundo escatológico de seres contra natura, atrofiados, que Bordese dispara con una técnica deslumbrante. En ese universo de pesadilla, que conjuga mitología griega, leyendas medievales, tradición cristiana y sexo regado de desamor y desprecio, los personajes no pueden librarse de ataduras que lastiman. Es más: se entregan con sumisión.

Ahí está Juana de Arco engrillada y amputada. Cerca, sobre un verde esmeralda de ensueño, Príapo crucificado exhibe su falo con coronas de espinas. Bajo la sangre del dios de la fertilidad, entre colibríes que liban vulvas, un “Niño de cotolengo” observa impávido una escena espeluznante.

“Hay relaciones de pareja que proponen esclavitud y sometimiento, pero que conforman un vínculo fuerte”, dice el artista mientras miramos a esa dama desencajada con frenos para caballo que se enredan en los cuernos del siervo amante dolorido: “Esclavitud ligada al placer”, agrega Bordese.

No hay tregua. A unos pasos, uno se encuentra con Arpía y Titania, ahorcadas y sujetas por la lengua, con pies de pesuñas, junto al símbolo que representa a la Inmaculada Concepción. Los pájaros devienen parásitos. En esa bacanal de sadismo, para que no queden dudas de que algunos se sumergen en pactos tácitos que degradan, Bordese estampa como sello imborrable “Liebe!” (“Amor”, en alemán).

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Diseño y redacción: www.lauracesanelli.com.ar